100 días de un giro político: Crónica de una reforma forzada

 


Hoy se cumplen 100 días del 3 de enero, fecha que marcó un antes y un después con la captura de Nicolás Maduro por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Este hito quedará grabado en la memoria de los venezolanos, especialmente en quienes hemos transitado estas décadas de profunda convulsión social y política.

​Desde entonces, se ha instaurado un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, bajo el control estratégico de la administración de Donald Trump. El impacto provocado por la superioridad militar estadounidense no solo fue un choque de fuerzas, sino el detonante de una transformación real en la escena nacional.

​En poco más de tres meses, se han provocado transformaciones claves:

  • Desmantelamiento del modelo económico: El sistema socialista comienza a ceder. Se están removiendo paulatinamente los controles de precios, el dominio monopólico del Estado y las barreras burocráticas que asfixiaban la iniciativa privada.
  • Apertura energética: La Venezuela extractivista —aquella que enriqueció a pocos y destruyó a PDVSA— está siendo demolida para abrirse al capital extranjero. Se busca salvar la industria de la antigua visión estatizadora, haciendo que nuestros recursos sean atractivos nuevamente, aunque el costo real de esta transición solo podrá evaluarse a largo plazo.
  • El mea culpa recorre los pasillos del poder. Entre la claridad y la timidez, asoma un cambio en la relación Estado-ciudadano. La amnistía avanza —aunque falta mucho trecho—, la represión se contiene y, por primera vez, escuchamos reconocimientos públicos de errores que antes eran impensables.
  • Resurgir del debate público: El país recupera su voz. Los medios han modificado su línea editorial al liberarse de la censura, permitiendo que sectores políticos antes silenciados retomen la acción y el debate necesario.
  • Reforma militar: La derrota militar forzó la actualización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), algo que se evitó durante años. Esto ha derivado en una renovación total de los mandos, desde el Ministerio de la Defensa hasta las estructuras de las REDI y ZODI.

La cruda realidad institucional

​Mucho ha cambiado, pero el camino por recorrer es inmenso. Estos 100 días han puesto en evidencia años de deudas acumuladas, desmantelamiento institucional y discrecionalidad criminal en el manejo de los recursos públicos. La etapa actual rebosa de expectativas positivas, pero también choca con una realidad demoledora: el miedo aprendido, los egos desmedidos de la dirigencia y una desconfianza generalizada hacia la política.

​Pensar en este periodo implica reconocer la responsabilidad de toda la clase política en el estado actual de la nación. El fracaso es tal que nuestra estabilidad hoy depende de un poder externo, ante nuestra nula capacidad de alcanzar acuerdos sin un tercero influyente.

Un compromiso para el futuro

​Hoy nos corresponde definir qué Venezuela queremos construir. Esta es la oportunidad de oro para evitar reincidir en los errores del pasado, abandonar la búsqueda de mesías y comenzar a actuar desde nuestras limitaciones actuales.

​Debemos hallar un camino que nos saque de este surrealismo político, que devuelva el poder al voto y a la conciencia ciudadana, fortaleciendo la vía democrática para no caer nuevamente en la trampa populista y personalista que hundió al país.

  • ​100 días y apenas vislumbramos el impacto profundo de lo ocurrido.
  • ​100 días para seguir repensando nuestra nación.
  • ​100 días para alejarnos definitivamente de un modelo fracasado.

​Han pasado 100 días, y el verdadero compromiso es empeñar los próximos 100 años en construir una democracia viva, con ciudadanos libres y un país fuerte e independiente.