En este camino de cambio profundo que atraviesa
Venezuela, los ciudadanos tenemos una oportunidad histórica. No se trata solo
de reconstruir la industria petrolera, modernizar las instituciones o generar
mecanismos de transparencia; tampoco basta con simplificar las reglas para el
emprendimiento. Un paso fundamental es devolver las garantías a todos,
comenzando por la libertad de los presos políticos.
Esta oportunidad debe entenderse como el momento para
fortalecer el tejido social. En los últimos años, hemos sido testigos de la
destrucción deliberada de los puentes que nos conectaban, producto de una
atomización del territorio donde cada región vive realidades aisladas y de la
decadencia de las estructuras tradicionales de representación.
Mientras se debate sobre las elecciones como el fin
último para reinstalar la democracia, debemos insistir en que esto no es un
asunto exclusivo de los políticos o de la Presidencia. Al contrario: devolver
el poder de decisión a la gente comienza por rescatar el voto como un
instrumento real de expresión.
Hace menos de un año, el país perdió la fe en el
sufragio y la mayoría decidió no participar. Ante esto, cabe preguntarnos: ¿Qué
estamos haciendo para renovar esa confianza? ¿Han cambiado realmente las formas
y el talante del ente electoral, tras años de procesos al margen de los
derechos políticos?
Frente a esto ¿Qué hacemos? mi
propuesta es de dos pasos:
- EJERCER EL VOTO DESDE LA BASE, Existen múltiples espacios
donde debemos ejercer nuestro derecho a opinar y, sin embargo, nos hemos
retraído. Condominios, asociaciones de vecinos, consejos comunales y grupos
deportivos son abandonados por considerarlos "fastidiosos" o poco importantes.
Debemos inundar estos espacios con participación y debate. En estos
ámbitos se decide a diario; se vota sin papeleta a través de la opinión, muchas
veces en los mismos chats de mensajería donde discutimos y convivimos.
- EL VOTO PARA RENOVAR A LA SOCIEDAD, Debemos preguntarnos:
¿Cuántas universidades, gremios, asociaciones o sindicatos mantienen las mismas
autoridades desde hace muchos años? Sumar que desde el poder también se ha
bloqueado la oportunidad para que en muchos espacios de la sociedad organizada también
se expresen y se puedan renovar. Gran parte de la sociedad organizada hoy
parece una "foto del siglo pasado", arrastrando un cansancio que
limita su dinamismo. Si queremos renovar al país, debemos permitir que los
afiliados y ciudadanos vuelvan a las urnas en sus propias organizaciones para
elegir nuevos representantes.
La reconstrucción de Venezuela no vendrá
dictada únicamente desde un palacio presidencial; nacerá en la voluntad de cada
ciudadano de retomar las riendas de su entorno más cercano. Votar es mucho más
que marcar una tarjeta cada seis años; es el ejercicio diario de decidir,
proponer y renovar. Si logramos que la democracia vuelva a latir en nuestras
juntas de condominio, en nuestros gremios y en nuestras universidades, habremos
dado el paso más difícil y valiente: dejar de ser espectadores de nuestra crisis
para convertirnos en los arquitectos de nuestra propia libertad.
