RECONSTRUIR PASA POR VOTAR MUCHAS VECES

 

En este camino de cambio profundo que atraviesa Venezuela, los ciudadanos tenemos una oportunidad histórica. No se trata solo de reconstruir la industria petrolera, modernizar las instituciones o generar mecanismos de transparencia; tampoco basta con simplificar las reglas para el emprendimiento. Un paso fundamental es devolver las garantías a todos, comenzando por la libertad de los presos políticos.

Esta oportunidad debe entenderse como el momento para fortalecer el tejido social. En los últimos años, hemos sido testigos de la destrucción deliberada de los puentes que nos conectaban, producto de una atomización del territorio donde cada región vive realidades aisladas y de la decadencia de las estructuras tradicionales de representación.

Mientras se debate sobre las elecciones como el fin último para reinstalar la democracia, debemos insistir en que esto no es un asunto exclusivo de los políticos o de la Presidencia. Al contrario: devolver el poder de decisión a la gente comienza por rescatar el voto como un instrumento real de expresión.

Hace menos de un año, el país perdió la fe en el sufragio y la mayoría decidió no participar. Ante esto, cabe preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para renovar esa confianza? ¿Han cambiado realmente las formas y el talante del ente electoral, tras años de procesos al margen de los derechos políticos?

Frente a esto ¿Qué hacemos? mi propuesta es de dos pasos:

  1. EJERCER EL VOTO DESDE LA BASE, Existen múltiples espacios donde debemos ejercer nuestro derecho a opinar y, sin embargo, nos hemos retraído. Condominios, asociaciones de vecinos, consejos comunales y grupos deportivos son abandonados por considerarlos "fastidiosos" o poco importantes. Debemos inundar estos espacios con participación y debate. En estos ámbitos se decide a diario; se vota sin papeleta a través de la opinión, muchas veces en los mismos chats de mensajería donde discutimos y convivimos.
  2. EL VOTO PARA RENOVAR A LA SOCIEDAD, Debemos preguntarnos: ¿Cuántas universidades, gremios, asociaciones o sindicatos mantienen las mismas autoridades desde hace muchos años? Sumar que desde el poder también se ha bloqueado la oportunidad para que en muchos espacios de la sociedad organizada también se expresen y se puedan renovar. Gran parte de la sociedad organizada hoy parece una "foto del siglo pasado", arrastrando un cansancio que limita su dinamismo. Si queremos renovar al país, debemos permitir que los afiliados y ciudadanos vuelvan a las urnas en sus propias organizaciones para elegir nuevos representantes.

La reconstrucción de Venezuela no vendrá dictada únicamente desde un palacio presidencial; nacerá en la voluntad de cada ciudadano de retomar las riendas de su entorno más cercano. Votar es mucho más que marcar una tarjeta cada seis años; es el ejercicio diario de decidir, proponer y renovar. Si logramos que la democracia vuelva a latir en nuestras juntas de condominio, en nuestros gremios y en nuestras universidades, habremos dado el paso más difícil y valiente: dejar de ser espectadores de nuestra crisis para convertirnos en los arquitectos de nuestra propia libertad.